Feliz día de Internet

Sí, Internet, con mayúscula, como buen nombre propio que es.

¿Cómo encajan las nuevas tecnologías en la educación actual? Es, sin duda, la gran pregunta; basta asomarse a las redes sociales y a los debates públicos que giran en torno a la educación para apreciar por dónde van los tiros. Sin embargo, no es fácil obtener una respuesta precisa, quizás porque una sola respuesta sea insuficiente para abarcar toda la profundidad del asunto.

Partamos de una evidencia: las cosas son como son y no necesariamente como nos gustaría que fuesen. La evidencia nos hace acuñar a diario nueva terminología, como nativos digitales. En las aulas convivimos con personas que, en general, están más acostumbradas a utilizar utensilios tecnológicos que nosotros. En otras palabras: en lo referente a las nuevas tecnologías, nos superan con creces en conocimientos, competencias y destrezas, que son los tres pilares de las últimas reformas educativas. Ante este hecho sólo nos cabe recuperar el tiempo perdido y asimilar un método que, en mi opinión, tiene todas las ventajas. De ello depende, entre otras cosas, nuestra aptitud docente.

Medio siglo antes de que Internet se convirtiera en un fenómeno de masas, Marshall McLuhan, como buen visionario, acuñó el término aldea global para referirse a la interconexión humana a escala global generada por los medios electrónicos de comunicación. El medio es el mensaje, sentenció, y mi experiencia me dice que, en cierta medida, ésa es la visión que los más jóvenes tienen de Internet. Los flujos de información son inabarcables y la inmediatez se convierte en el referente deseado, en un fin en sí mismo.

Esta tarde se me ocurrió plantear un debate a mis alumnos de 4º de Secundaria. Quise saber qué es lo que estamos haciendo mal los docentes en relación a las nuevas tecnologías, qué echan de menos y cómo les gustaría que fuese su escuela en este aspecto. Pocos se animaron a participar y, en su opinión, lo que más se echa de menos es un soporte informático mucho más rápido y una sala de ordenadores más grande. Es decir: siguen pensando a corto plazo, en lo inmediato. Quizás sean nativos digitales, pero como adolescentes que son necesitan ampliar sus miras y probar cosas nuevas; es lo que tiene Internet: velocidad de acción. Y aquí es donde deberíamos saber estar a la altura. Deberíamos saber funcionar como catalizadores de sus necesidades digitales. ¿Será fácil conseguirlo?

La Escuela 2.0 no es la panacea de la excelencia educativa. No seremos mejores profesores por saber manejar un tablero digital o por implantar los blogs como herramienta de trabajo en el aula. Pero confieso que algo sí tengo claro: si no nos reciclamos y cambiamos el chip estaremos perdiendo la posibilidad de entender un poco más a fondo el alma de las personitas que tenemos delante. Y es aquí donde tenemos una gran responsabilidad.

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